martes, 5 de mayo de 2015

Quiero ser del Rivas. Anónimo.


Miedo y confort en Yuncos. (Experiencia personal)


Era mi segundo partido de rugby. El coche que me iba a llevar hasta Toledo ya estaba debajo de casa, esperándome.

De camino a Yuncos  los nervios se iban apoderando de mí. Intentaba prestar atención a la emisora de radio, la cual narraba un partido de mi querido equipo de fútbol. Pero la cabeza en seguida se me iba al otro partido, al importante: al de rugby. Quería llegar rápido, saltar al campo y empezar a jugar lo antes posible.

De sorpresa nos enteramos de que las Dulcineas de Yuncos eran solo ocho jugadoras, por lo que tres chicas de Rivas iban a empezar el partido jugando con las contrincantes. Once vs once.

Un pequeño escalofrío me recorrió el cuerpo cuando uno de los nombres que sonó para jugar de dulcinea fue el mío. Rara me sentí al arrojar la camiseta verdi-azul ripense que tanto aprecio, para envolverme en una nueva, amarilla y negra.

Con gran entusiasmo nos acogieron, y en los minutos previos al partido, en seguida me sentí una más del equipo . Al grito de ¡Dulcineas, juego y honor! salté al campo tan motivada como si hubiese sido el club al que pertenecía desde mis inicios.

Ya estábamos colocadas por todo el campo, a punto de empezar el partido, cuando esa sensación de euforia y motivación pegó tal bajonazo en mi persona…
Delante tenía a mis entonces excompañeras, que me parecieron grandes, enormes, potentes , fuertes y veloces como velociraptores (<3). El campo se me hacía cada vez más grande y yo a su vez más pequeña.  No sabía dónde colocarme, no tocaba ningún balón y como dulcinea me sentía frustrada.

Las chicas fuertes y potentes de Rivas movían el balón, limpiaban los ruck como nunca las había visto, lanzaban la touch a la perfección y volaban para coger el balón.

Al descanso me tocaba volver a enfundarme en mi camiseta, la de Rivas, la de siempre.
A medida que avanzaba el partido, más a gusto me sentía. Volvía a mi ser. Estaba donde debía estar, corría hacia donde debía correr y pasaba cuando debía de pasar (puede que esto esté un poco exagerado).

El caso es que todo estaba volviendo a funcionar. Y me di cuenta en ese momento de que no era yo, sino que eran mis compañeras, que a veces me gritan y me ordenan sin parar, pero siempre están ahí, a mis lados, apoyando, redoblando, luchando, dándolo todo y más -recupérate pronto Celia-  para hacer que el equipo funcione como una máquina.

Que cada una sois una pieza importante, las que no están porque no pueden estar, las que sí estuvieron pero no pudieron jugar , las que animan, las que entrenan y las que sí que jugaron e hicieron todas y cada una de ellas un buen partido.

Esto es solo un pequeño paso, pero tenemos fuerza, tenemos velocidad, tenemos inteligencia y sobretodo tenemos muchas ganas de seguir aprendiendo y trabajando. 

Muchas gracias a todas por formar parte de Rivas Rugby.





Anónimo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario