Miedo y confort
en Yuncos. (Experiencia personal)
Era mi
segundo partido de rugby. El coche que me iba a llevar hasta Toledo ya estaba
debajo de casa, esperándome.
De camino a
Yuncos los nervios se iban apoderando de
mí. Intentaba prestar atención a la emisora de radio, la cual narraba un
partido de mi querido equipo de fútbol. Pero la cabeza en seguida se me iba al
otro partido, al importante: al de rugby. Quería llegar rápido, saltar al campo
y empezar a jugar lo antes posible.
De sorpresa
nos enteramos de que las Dulcineas de Yuncos eran solo ocho jugadoras, por lo
que tres chicas de Rivas iban a empezar el partido jugando con las
contrincantes. Once vs once.
Un pequeño
escalofrío me recorrió el cuerpo cuando uno de los nombres que sonó para jugar
de dulcinea fue el mío. Rara me sentí al arrojar la camiseta verdi-azul ripense
que tanto aprecio, para envolverme en una nueva, amarilla y negra.
Con gran
entusiasmo nos acogieron, y en los minutos previos al partido, en seguida me
sentí una más del equipo . Al grito de ¡Dulcineas, juego y honor! salté al
campo tan motivada como si hubiese sido el club al que pertenecía desde mis
inicios.
Ya estábamos
colocadas por todo el campo, a punto de empezar el partido, cuando esa
sensación de euforia y motivación pegó tal bajonazo en mi persona…
Delante
tenía a mis entonces excompañeras, que me parecieron grandes, enormes, potentes , fuertes y veloces como
velociraptores (<3). El campo se me hacía cada vez más grande y yo a su vez
más pequeña. No sabía dónde colocarme,
no tocaba ningún balón y como dulcinea me sentía frustrada.
Las chicas
fuertes y potentes de Rivas movían el balón, limpiaban los ruck como nunca las
había visto, lanzaban la touch a la perfección y volaban para coger el balón.
Al descanso
me tocaba volver a enfundarme en mi camiseta, la de Rivas, la de siempre.
A medida que
avanzaba el partido, más a gusto me sentía. Volvía a mi ser. Estaba donde debía
estar, corría hacia donde debía correr y pasaba cuando debía de pasar (puede
que esto esté un poco exagerado).
El caso es que todo estaba volviendo a funcionar. Y me di cuenta en ese momento de que no
era yo, sino que eran mis compañeras, que a veces me gritan y me ordenan sin
parar, pero siempre están ahí, a mis lados, apoyando, redoblando, luchando, dándolo
todo y más -recupérate pronto Celia- para hacer que el equipo funcione como una
máquina.
Que cada una
sois una pieza importante, las que no están porque no pueden estar, las que sí
estuvieron pero no pudieron jugar , las que animan, las que entrenan y las que sí
que jugaron e hicieron todas y cada una de ellas un buen partido.
Esto es solo
un pequeño paso, pero tenemos fuerza, tenemos velocidad, tenemos inteligencia y
sobretodo tenemos muchas ganas de seguir aprendiendo y trabajando.
Muchas
gracias a todas por formar parte de Rivas Rugby.
Anónimo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario